GEMINYS RADIO

Vistas a la página totales

miércoles, 13 de febrero de 2008

Obama, el favorito del voto de los norteamericanos



Obama, el favorito del voto de los norteamericanos
Hoy se realizan nuevas primarias en Virginia y Maryland, y en la capital de los EE.UU., Washington DC. Hillary corre en desventaja. Obama lidera la punta
12/02/08

La precandidata presidencial demócrata Hillary Clinton estaba ayer en desventaja en los sondeos de cara a las elecciones primarias de hoy en Maryland, Virginia y el Distrito de Columbia, tras un negro fin de semana electoral, que forzó la reestructuración de su campaña en los EEUU.
Hillary perdió en Nebraska, Luisiana, Washington y Maine el pasado fin de semana, tiene problemas económicos y todo apunta a que, o da un golpe de timón, o pierde frente a su oponente, Barack Obama (el otro precandidato presidencial por el Partido Demócrata).
El senador por Illinois, que aspira a ser el primer presidente negro en la historia de los EEUU, parte como favorito para los comicios de hoy, debido al elevado porcentaje de afroamericanos y personas con alta formación académica, dos grupos que lo favorecen en Virginia, Maryland y la capital federal.
Tras los resultados del pasado fin de semana, Obama superó a Clinton en cantidad de delegados que definirán la candidatura del Partido Demócrata, por primera vez desde el inicio de las primarias de esa fuerza para las elecciones presidenciales de noviembre en los EEUU.
El senador por Illinois sumó, tras su triunfo en el estado de Maine, un total de 1.137 delegados para la Convención Demócrata, prevista para fines de agosto, contra 1.134 de la ex primera dama, según el sitio especializado RealClearPolitics.com, que monitorea la primaria demócrata.
En virtud de tratarse prácticamente de un empate, la decisión final puede quedar en manos de los casi 800 "superdelegados", figuras y líderes partidarios con decisión propia, informó ayer la prensa local.
Todos ellos son "superdelegados" por derecho. Son los caciques del partido demócrata: gobernadores, parlamentarios federales, los ex presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton, el ex vicepresidente Al Gore, ex responsables del Partido Demócrata en el Congreso, miembros de la dirección del partido.
Esta categoría de delegados es libre de votar a quién quiera a diferencia de los "delegados ordinarios", designados por los electores estadounidenses durante las primarias y los caucus. Estos "delegados ordinarios" están obligados a votar por el candidato escogido por los electores de su estado.
Del total de 796 "superdelegados", según el periódico estadounidense The Washington Post, 213 ya manifestaron su apoyo a la senadora por Nueva York, mientras 139 evidenciaron su preferencia por Obama. Del total de superdelegados, 444 todavía no manifestaron su decisión.
Pese a todo, Clinton tuvo que verse obligada a retirar a su directora de campaña, Patti Solis Doyle, que será reemplazada por otra antigua colaboradora de la senadora, Maggie William, según informó ayer la agencia Europa Press.
Mientras Obama recaudó 32 millones de dólares en enero, Clinton obtuvo 13,5 millones. Varios medios estadounidenses apuntan que parte de la reestructuración anunciada por Hillary, que costó el puesto a Patti Solis Doyle, la latina más prominente de esta carrera, tiene que ver, precisamente, con la financiación de la campaña.
El diario "The Washington Post" menciona a un miembro no identificado de la campaña de Hillary, quien señala que Patti Solis no informó a la senadora sobre lo rápido que se estaban gastando los fondos recaudados. Clinton se habría enterado de las estrecheces económicas sólo después de las primarias de Nuevo Hampshire del 8 de enero.
La ex primera dama anunció la semana pasada que había prestado cinco millones de dólares a su campaña en enero y algunos de sus más altos asesores aseguraron que si la situación no mejoraba renunciarán a su salario este mes.
Por lo demás, tanto el diario "Los Angeles Times" como el "New York Times" mencionan, que también existía descontento en la campaña de Hillary con la falta de habilidad de Solis para edificar una sólida base de donantes a través de internet.

LA COLOMBIA QUE MARCHÓ, LA QUE NO MARCHÓ Y LA QUE MARCHÓ CONTRA LOS QUE MARCHARON



LA COLOMBIA QUE MARCHÓ, LA QUE NO MARCHÓ Y LA QUE MARCHÓ CONTRA LOS QUE MARCHARONFredy Muñoz Altamiranda
martes, 05 de febrero de 2008

Hay, por lo menos, dos colombias. Una que marchó y otra que no. Una que votó y seguiría votando por mantener a un paramilitar y narcotraficante como Álvaro Uribe en la presidencia, y otra que continuará oponiéndosele, a pesar de que le asesinen a sus hijos, le roben sus tierras o la dejen sin trabajo.

Hay una Colombia de sentimientos patrióticos virtualizados, muchachos y muchachas de “bien” que a diario se indignan, a través de Facebook, de la violencia nacional, mientras envían a sus listas de correos y círculos de amistades electrónicas, razones por las cuales sentirse orgullosos de lo que creen que es Colombia: Juanes, Shakira y Montoya.En la otra Colombia hay por lo menos sesenta mil familias que aún esperan que los paramilitares amigos del gobierno mafioso de Uribe les digan dónde enterraron los pedazos mutilados de sus víctimas. En qué fosa común, de qué hacienda, de cuál congresista uribista, están los despojos de miles de hombres, mujeres, jóvenes y niños que hacían parte de la otra Colombia, la que no marchó. Como tampoco marcharon los campesinos asesinados por la Brigada Móvil número XV del ejército colombiano, que según contó uno de los propios asesinos a la Procuraduría General de la Nación, el sargento Alexander Rodríguez, eran tiroteados para hacerlos pasar por guerrilleros y reclamar cinco días de descanso por cada muerto. La Colombia de las universidades privadas, de los empleos bien remunerados en almacenes, compañías, centros comerciales, bancos y empresas prósperas de la mafia, la Colombia propietaria, la que dice poder viajar ahora por carretera en sus camionetas blindadas a visitar sus fincas de recreo en tierras exclusivas del país, robadas a campesinos o a indígenas y hoy custodiadas por paramilitares, esa Colombia si marchó. Los jóvenes de barrio que reciben clases en las universidades públicas, con un pasaje de bus en el bolsillo y un desayuno casero en el estómago, los chicos y chicas que han leído más de un buen libro sobre la historia y el origen de nuestra violencia, los que insisten en la democracia participativa y los cambios estructurales de un país tomado por el paramilitarismo, los que no le comen cuento ni a Uribe ni a sus asesores cínicos, esos no marcharon. En mi tierra, la Costa Atlántica, los uribistas pretendieron aprovechar la asistencia del pueblo a la programación multitudinaria del Carnaval de Barranquilla, para hacerle creer a los navegantes de internet que esa manifestación cultural centenaria y rica era producto de sus convocatorias virtuales. Pero sólo pudieron hacer un rápido y deslucido desfile de carros lujosos, de electores de Uribe que suspendieron la parranda por quince minutos, y salieron a darle una vuelta a la cuadra, a sonar sus bocinas y tomarse una foto con el teléfono celular para montarla en los portales de “Facebook” y decir que “millones de colombianos marcharon”. Pero hubo una Colombia, entre estas dos de las que he hablado, que también marchó, para exigir la solución política negociada al conflicto armado, un intercambio humanitario de prisioneros, y la paz con justicia social que mantiene en armas a otra Colombia. Y que si esa otra Colombia armada salió a marchar, lo hizo por las montañas y las selvas del país, a combatir, como lo hacen a diario, a mercenarios gringos, a oficiales y soldados, compatriotas cuya única alternativa de trabajo remunerado ha sido la guerra; y a los nuevos paramilitares que negociarán con Uribe nuevos beneficios, en un ya lanzado tercer mandato. Una Colombia que marchó (pero no por seguirle el juego a “Facebook”, la extensión de la CIA cuyos 16 socios son agentes de inteligencia estatal estadounidenses) en Washington coreaba: “¡Uribe, paraco, el pueblo está verraco!”. En Bogotá jóvenes del Sur de la ciudad marcharon a la usanza de las tribus urbanas, pidiendo paz, pero también justicia para sus amigos asesinados por los paramilitares en complicidad con la policía, y mostrados luego como delincuentes dados de baja o resultado de ajustes de cuentas entre bandas, cuando realmente eran adolescentes irreverentes, en resistencia al control social de los paramilitares en sus barrios. La Colombia que marchó lo hizo convencida de que reelegirán a Uribe para cuatro años más de gobierno mafioso y paramilitar. Muchos quizás no sean conscientes de eso. La Colombia que marchó contra la marcha de Uribe lo hizo, en buena parte, para no ser tomados como amigos de los “violentos”, pero en otra para expresar salidas distintas al unanimismo guerrerista. Y la Colombia que no marchó espera que los huesos de sus familiares aparezcan, o que alguien diga, “Yo los maté” como ya ha hecho el narcotraficante, paramilitar y elector de Uribe, Hernán Giraldo con 37 asesinatos, entre ellos el de Martha Lucía Hernández Turriago, ex directora del Parque Tayrona, y el del estudiante Hugo Maduro, ex miembro de la Juventud Comunista, y hoy una cifra más en la estadística de un exterminio que no cesa.