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viernes, 18 de septiembre de 2009

LO DIJO EL PRIMER MINISTRO DE AUSTRALIA


Kevin Rudd, Primer Ministro de Australia A los musulmanes que quieren vivir bajo la ley Islámica Sharia se les dijo el Miércoles que se vayan de Australia, cuyo gobierno ha emprendido un campaña contra los radicales en un esfuerzo para evitar potenciales ataques terroristas.

También Rudd despertó la furia de algunos musulmanes Australianos cuando declaró que él ha dado todo su apoyo a las agencias de contrainteligencia australianas para que espíen las mezquitas que hay en la nación. Citamos: "SON LOS INMIGRANTES, NO LOS AUSTRALIANOS, LOS QUE DEBEN ADAPTARSE. O lo toman o lo dejan. Estoy harto de que esta nación tenga que preocuparse si estamos ofendiendo a otras culturas o a otros individuos. Desde los ataques terroristas en Bali, estamos experimentando un incremento del patriotismo en la mayoria de los Australianos." "Nuestra cultura se ha ido desarrollando durante dos siglos de luchas, tribulaciones y victorias por parte de millones de hombres y mujeres que buscaban libertad" "Hablamos principalmente INGLÉS, no Español, Libanés, Árabe, Chino, Japonés, Ruso o cualquier otro idioma. De modo que si Usted quiere formar parte de nuestra sociedad, aprenda nuestro idioma.""La mayoría de los Australianos creen en Dios. Esto no es una posición Cristiana, política o de la extrema derecha. Esto en un hecho, porque hombres y mujeres cristianos, de principios cristianos, fundaron esta nación. Esto es históricamente comprobable. Y es ciertamente apropiado que esto aparezca en las paredes de nuestras escuelas. Si Dios le ofende a Usted, sugiero que considere vivir en otra parte del mundo, porque Dios es parte de nuestra cultura.""Aceptamos sus creencias y sin preguntar por qué. Todo lo que pedimos es que Usted acepte las nuestras, y viva en armonía y disfrute en paz con nosotros.""Éste es NUESTRO PAÍS, NUESTRA PATRIA y ESTAS SON NUESTRAS COSTUMBRES Y ESTILO DE VIDA y PERMITIREMOS QUE DISFRUTEN DE LO NUESTRO pero cuando dejen de quejarse, de lloriquear y de protestar contra nuestra Bandera, Nuestra lengua, nuestro compromiso nacionalista, Nuestras Creencias Cristianas o Nuestro modo de Vida, le animamos a que aproveche otra de nuestras grandes libertades Australianas, "EL DERECHO DE IRSE."
"Si Usted no está contento aquí, entonces VÁYASE. Nosotros no le obligamos a venir aquí. Usted pidió emigrar aquí. Así que ya es hora de que acepten el país que les acogió
Quizás si enviamos esto entre nosotros mismos, encontraremos la valentia para empezar a decir las misma verdades.

POR QUE NO SE DEBE LEVANTAR EL EMBARGO A CUBA


Huber Matos: Por qué no se debe levantar el embargo (4)
Descartada, por falsa, la afirmación de los supuestos efectos del embargo en la salud pública de los cubanos, pasemos a otro tema: ¿Habrá golpeado el embargo a Cuba tan seriamente que el desastre económico sea su consecuencia?

No. Esa es la opinión del presidente Jimmy Carter, quien en el 2002, en la Universidad de la Habana, les dijo a los cubanos que las limitaciones del embargo “no son la causa de los problemas económicos de Cuba. Cuba tiene intercambio comercial con más de 100 naciones.” Es cierto: excluyendo a los Estados Unidos, el castrismo ha tenido relaciones comerciales con más de 100 naciones del mundo. Ha recibido préstamos, donaciones y asistencia técnica de muchos países ricos. Les ha comprado todo lo que ha querido – desde fábricas completas hasta equipos médicos - y les ha vendido lo que ha podido.
Según el economista Carmelo Mesa Lago, desde 1960 hasta el desplome de la URSS en 1990, el bloque comunista dio asistencia al gobierno cubano por 64,500 (sesenta y cuatro mil quinientos) millones de dólares. Castro recibió más de medio millón de dólares por cada kilómetro cuadrado de territorio cubano. Con un trato similar, Costa Rica se habría beneficiado con una subvención de más de 29,000 millones de dólares.
Con esos recursos Fidel Castro se dedicó a desmantelar la economía de mercado en Cuba para modelarla a la imagen de la de la URSS. Esa fue una decisión de Castro y su grupo, en la que los Estados Unidos no tuvieron nada que ver. El propio Castro lo ha aclarado: “la hostilidad de los Estados Unidos no determinó el proceso… porque nuestra revolución habría marchado inexorablemente hacia el socialismo… Nosotros nos considerábamos marxistas-leninistas, partíamos de los principios marxista- leninistas y nos proponíamos una revolución socialista.”
Esto no equivalía a otra cosa que a imponer “la dictadura del proletariado.” Mientras en la década de 1960 el abogado Fidel Castro convertía la economía cubana en una copia de la soviética, otro abogado, Mijaíl Gorbachov, entonces responsable de la producción agrícola estatal en la región de Stravopol, tomaba cursos para graduarse de científico agrícola, mientras su esposa Raisa hacía un estudio sociológico que demostraba serias contradicciones entre la versión oficial soviética y la realidad del campesinado. Mientras Gorbachov ensayaba con cambios hacia la descentralización, Fidel Castro lo concentraba todo en sus manos.
Por tres décadas se construyeron escuelas, intalaciones deportivas, centros de enseñanza técnica, universidades y hospitales. Se modificó la ley de Reforma Agraria para dejar de favorecer a los pequeños campesinos y organizar inmensos conglomerados agrícolas estatales. En 1968 había en Cuba 26,800 tractores; dos años después la cantidad casi se había duplicado a 51,600 tractores.
Mientras duraron los $64,500 millones de dólares de asistencia del bloque comunista, dentro y fuera de Cuba millones de personas aplaudían los “logros” de la revolución en salud, educación, deportes y arte. No eran logros de la revolución, los pagaba la URSS. En realidad el país se había convertido en un insaciable parásito de recursos soviéticos, que lejos de asignarse y administrarse con disciplina, eran manejados caóticamente por el Comandante en Jefe y su camarilla.
A finales de los setentas, casi diez años después de iniciado el proceso de estatización y centralización, el famoso economista agrícola francés René Dumont, miembro del partido comunista de Francia y testigo presencial de lo que pasaba en Cuba, llegaba a la conclusión en su libro “Cuba ¿Es socialista?” de que el personalismo de Castro no podía ser considerado socialismo.
Cuba era gobernada por un faraón que un día decidía eliminar el azúcar como la principal industria exportadora del país, después reconocía el error y daba marcha atrás para luego dar órdenes de desmantelarla completamente. De ser el mayor exportador de azúcar del mundo en la era pre-castrista, Cuba terminó importándola para consumo nacional. En lugar de exportar etanol en cantidades industriales y de suplir una parte sustancial de la energía eléctrica como subproducto de la conversión de la caña en azúcar, el país importa petróleo para producir electricidad.
Año tras año la productividad de la economía cubana declinaba, mientras la URSS soportaba la carga con subsidios. En 1959 Cuba tenía casi tantos habitantes como cabezas de ganado; tres veces el per cápita mundial. En 1974, quince años después, la producción per cápita de carne de res en Cuba era de 8 kilos, la de Honduras 16, la de Panamá 25 y la de Costa Rica 30. En el estudio “El Sector Agropecuario Cubano bajo el socialismo de Estado”, Manuel Sánchez Herrero y Arnaldo Ramos Lauzurique indican que: “la escasez de alimentos ha sido después de 1960 un componente básico del “sistema económico cubano.”Recientemente el ex comunista norteamericano David Horowits, ex asesor político de Bertrand Russel y ex director de la revista radical “Ramparts,” un ícono editorial de la izquierda norteamericana, afirmó públicamente que Castro era un “lunático que ha llevado a Cuba la quiebra.”
Desde 1960 a 1990, los soviéticos iniciaron una transferencia de riqueza a Cuba sin paralelo en el continente americano. Todo se invirtió en el mismo modelo que fracasó en la Unión Soviética. El sistema cuyos pobres resultados persuadieron a la nomenclatura comunista de que no había alternativa que la de iniciar cambios que conduciría a la desaparición de la URSS.
Aquel humilde abogado de Stravopol, convertido entonces en el máximo dirigente de la URSS, no pudo convencer a Fidel Castro de la necesidad de aprender de la historia. Por estas razones el embargo estadounidense no fue, ni es, el responsable del desastre de la economía socialista en Cuba.

Continuará….

Publicado por Huber Matos Araluce en http://patriapuebloylibertad.blogspot.com/